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9.3 Control qu�mico: m�todos espec�ficos

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9.3.1 Polvos insecticidas. Generalmente se trata de una mezcla de polvo diluido en dosis de 2,5 a 15 ppm de ingrediente activo, seg�n el insecticida, en el momento de cargar/ensacar.

Se dispone la cantidad apropiada de polvo en un recipiente de lata o pl�stico perforado y se espolvorea el producto estrato por estrato, antes de ensacarlo. Cuando se trata de grano a granel, el polvo se mezcla m�s eficazmente agitando dentro de un recipiente junto con el producto, revolvi�ndolo con una pala en el suelo, o mezcl�ndolo en un tambor giratorio. Se dispone de aparatos comerciales para operaciones en gran escala.

Estos tipos de insecticidas provocan muchos problemas.

Los polvos insecticidas se usan en h�rreos y en almacenes a granel; en estos �ltimos son m�s eficaces. Adem�s, son adecuados s�lo para condiciones secas.

  1. Es dif�cil establecer un dosaje exacto y lograr una mezcla total.
  2. La aplicaci�n puede realizarse solamente durante la carga, lo cual exige mano de obra adicional; en consecuencia, a menudo no se realiza de forma apropiada.
  3. La descomposici�n del ingrediente activo puede ser particularmente grave cuando se trata de preparados locales en que la sustancia transportadora no es suficientemente <<Inerte>>; no hay raz�n para la reaplicaci�n.
  4. La resistencia de los insectos depende del insecticida utilizado y de las especies de insecticidas, m�s que del preparado.

Entre las sustancias qu�micas id�neas est�n las tradicionales (malati�n; lindano/gamma B.H.C.) y las potencialmente mejores (pirimifos-metilo, piretroides sint�ticos).

 

9.3.2 Insecticidas para rociado. El m�todo para usar rociadores es mezclar de 10 a 15 ppm de ingrediente activo (i.a.), con la cantidad m�nima de agua necesaria para poder hacer una aplicaci�n homog�nea (de 0,3 a 2 litros/tonelada de producto, seg�n el aplicador de que se trate). Una cantidad tan peque�a de agua no dar� origen a mohos. El insecticida puede aplicarse con un peque�o aplicador dom�stico (tipo Shelltox), pero con un rociador de mochila se reducen las necesidades de mano de obra.

La aplicaci�n de rociadores varia seg�n el tipo de instalaci�n de almacenamiento. En los almacenes se usan los siguientes procedimientos.

  1. Productos ensacados: se roc�a cada estrato de sacos a medida que se va construyendo la pila; esta aplicaci�n deber�a bastar para protegerla durante varios meses, pero en caso de reinfestaci�n, deber� volver a rociarse y fumigarse la pila para lograr una penetraci�n efectiva.
  2. Rociado del espacio: se roc�a con un insecticida no persistente para matar los adultos de insectos voladores, especialmente las mariposas de almac�n; se utiliza juntamente con la fumigaci�n bajo telas de pl�stico.
  3. Condensaci�n de vapores: se utiliza para el mismo fin; se emplean aplicadores el�ctricos que despiden gotitas muy peque�itas, que quedan en suspensi�n en el aire, mejorando al m�ximo la eficacia.
  4. Tratamiento superficial: se roc�an con un insecticida permanente las paredes, el tejado y el suelo de la estructura del almac�n.

En los h�rreos, el insecticida se roc�a directamente sobre el producto. Si la infestaci�n proveniente del campo es considerable, conviene rociar cada cestada cuando se va cargando; de lo contrario, los insecticidas deber�n aplicarse a la parte exterior del h�rreo despu�s que se ha terminado de cargar, volviendo a aplicarlos a intervalos seg�n sea necesario; se aconsejan aplicaciones mensuales.

Entre los problemas que presentan los rociadores, figuran:

  1. descomposici�n de las sustancias qu�micas en h�rreos altamente ventilados (aunque ello implica una m�nima toxicidad residual para los consumidores);
  2. poca penetraci�n en algunos tipos de estructuras;
  3. falta de disponibilidad de rociadores y de sustancias qu�micas id�neas.

Entre las sustancias qu�micas, generalmente se utilizan piretroides para el rociado de ambientes y/o el control del gorgojo mayor de los cereales; diclorvos para la condensaci�n autom�tica de vapores (nota: alta toxicidad para los mam�feros), y malati�n o pirimifosmetilo para uso general (menor costo, menor toxicidad).

 

9.3.3 Fumigaci�n. Entre otros m�todos, se mencionan la fumigaci�n del producto en los contenedores, y la fumigaci�n de las superficies. Se dispone el producto en bidones, sacos de pl�stico bajo toldos o telas de pl�stico. Tras aplicar la sustancia qu�mica hay que mantener el producto en condiciones de cierre herm�tico durante tres d�as por lo menos cuando se aplica Fostoxina, o aproximadamente un d�a si se trata de EDB, seg�n las dosis aplicadas. Para la fumigaci�n de pilas de sacos en almacenes, es necesario rociar tambi�n el techo y las paredes para prevenir la reinfestaci�n. Hay que proteger los granos contra toda reinfestaci�n subsiguiente.

Las aplicaciones de fumigantes var�an seg�n el tipo de cultivo en el que se efect�an. Son indispensables para cultivos de exportaci�n: man�, caf�, cacao. En las explotaciones agr�colas en peque�a escala puede justificarse la fumigaci�n de material de siembra de cultivos de gran valor, tales como las legumbres.

Los fumigantes pueden ser muy peligrosos si no se emplean correctamente; no deben utilizarse en los pabellones destinados a vivienda. Otro problema es que no dejan actividad residual.

Hay dos tipos de preparados qu�micos empleados para la fumigaci�n. a) Gas de fosfina (v. gr. Fostoxina); se suministra en forma de tabletas de fosfuro de aluminio, que liberan fosfina al entrar en contacto con la humedad del aire. Resulta c�modo de utilizar, pero se requieren condiciones de cierre herm�tico durante trescuatro d�as para una eliminaci�n total, y m�s d�as con temperaturas fr�as. b) Se dispone de diversas combinaciones y preparados con dibromuro de etileno, bromuro de metilo y tetracloruro de carbono (por ejemplo Trogocida). Son todos fumigantes a base de l�quidos vol�tiles. Se dispone de c�psulas y saquitos para aplicaciones en peque�a escala, as� como cilindros de presi�n para aplicaciones en gran escala. Son dif�ciles de utilizar y comportan cierta toxicidad residual y posibles riesgos para el consumidor; se requiere menos tiempo para la fumigaci�n, normalmente menos de un d�a, seg�n el preparado que se utilice. No se recomienda su uso en las explotaciones agr�colas ni a nivel de aldea, y las operaciones deber�an ser realizadas �nicamente por personal capacitado.

 

9.4 Toxicidad

Todos los insecticidas son tambi�n en cierta medida t�xicos para los mam�feros.

La toxicidad generalmente se expresa como DL50. T�cnicamente, es la dosis en mg de ingrediente activo necesaria por kg de peso corporal del consumidor, en condiciones especificadas (m�todo de aplicaci�n e intervalo de tiempo), para matar el 50 por ciento de la poblaci�n de ensayo, generalmente ratas.

La expresi�n DL50 de una sustancia qu�mica constituye una indicaci�n razonable de su toxicidad para los humanos, y por consiguiente de los riesgos que comporta su uso. Se ha de se�alar, sin embargo, que algunos compuestos son altamente activos contra determinadas clases de animales, por ejemplo, algunos insecticidas organofosforados, tales como fenitroti�n, son muy t�xicos para los p�jaros y tambi�n para las aves de corral.

Sobre la toxicidad de los insecticidas recomendados, v�ase la Secci�n 9.6.

 

9.5 Preparados y dosis

Los insecticidas comerciales constan de una cantidad (generalmente peque�a) del compuesto t�xico - el ingrediente activo (i.a.) - y otras sustancias, tales como:

  1. �entendedores� inertes como talco, etc. en polvo y agua en rociadores;
  2. surfactantes, que hacen que el compuesto pueda mezclarse con agua y adherirse a las plagas y al producto almacenado;
  3. agentes sin�rgicos, que pueden a�adirse para aumentar la eficacia del ingrediente activo (por ejemplo, piperonil but�xido con piretroides).

La mezcla se describe como un preparado que presenta caracter�sticas particulares.

  1. polvos para aplicaci�n en seco;
  2. polvos humectables (p.h.) para mezclarlos con agua para rociado;
  3. concentrado emuisionable (c.e.), para rociado.

En el preparado deber� declararse siempre la concentraci�n del ingrediente activo, bien directamente: �malati�n en polvo al cinco por ciento�, es decir, al cinco por ciento de ingrediente activo, o indirectamente: �actellic 25 c.e. �, que significa 25 por ciento de ingrediente activo en soluci�n.

Las dosis pueden expresarse de tres modos:

  1. indicando la cantidad de producto crudo (p.c.), es decir, la soluci�n de la botella que ha de utilizarse; por ejemplo, �40 mi en cinco litros, para aplicarlo en una tonelada �;
  2. indicando la concentraci�n para rociado, que generalmente se refiere a la concentraci�n de ingrediente activo, por ejemplo, �utilizar una soluci�n al 10 por ciento �;
  3. indicando la concentraci�n de ingrediente activo; por ejemplo, <<aplicar el polvo en dosis de 10 ppm de i.a. �.

Es importante poder hacer la conversi�n de una base a otra. Por ejemplo, la instrucci�n <<aplicar actellic a raz�n de 15 ppm i.a. � significa que deber�an apli carse 15 gramos de ingrediente activo por cada mill�n de gramos de producto, es decir, por cada tonelada.

  1. Si se parte de una base de un cinco por ciento en polvo, significa que 100 gra mos de producto crudo (p.c.) contienen s�lo cinco gramos de ingrediente activo. 300 gramos de p.c. contienen 15 g, y por consiguiente se aplican 300 gramos de polvo por tonelada (o sea 30 gramos por cada saco de 100 kg).
  2. Partiendo de una base de 25 c.e., se entiende que contiene 25 ml de i.a. por 100 ml de p.c. Considerando que un ml pesa aproximadamente un gramo, para obtener 15 gramos de i.a. se necesitan 15 x 100/25, es decir, 60 ml de soluci�n.

La cantidad necesaria de insecticida para rociado puede mezclarse en cualquier cantidad conveniente de agua: por ejemplo, utilizando actellic 25 c.e. para rociar un h�rreo, podr� utilizarse bien una bomba manara] de tipo Shelltox, en cuyo caso se necesitar�n 60 ml de soluci�n en 250 ml de agua, o bien un rociador de mochila cp 3, mezclando 60 ml de soluci�n con cinco litros de agua. En ambos casos, toda la soluci�n de rociado se aplicar� a una tonelada de producto.

Si se especifica la concentraci�n de la soluci�n, los c�lculos se realizan de modo an�logo:

  1. para aplicar una soluci�n al 7,5 por ciento de i.a., partiendo de un preparado al 25 por ciento de c.e., se necesitan 7,5 ml por cada 100 ml de rociado, lo que equi vale a 75 ml por cada litro;
  2. hay 25 ml en cada 100 ml del preparado;
  3. para obtener 75 ml de i.a., se necesitar�n por tanto 300 ml de preparado;
  4. se a�ade luego agua para completar un litro en total.

Nota: 300 ml de p.c. + 700 ml de agua, completan un litro de preparado para rociado.

 

9.6 Algunos insecticidas para productos almacenados: resumen de las propiedades

Los insecticidas que se emplean para los productos almacenados, comprenden los siguientes:

Gamma B.H. C./Lindano

Malati�n

lodofenfos (v. gr Nuvanol, Elocril)

Piretroides sint�ticos (v gr. Permetr�n)

Pirimifos-metilo (v gr Actellic)

Diclorvos (v gr. Nuvan)

Propoxur (v. gr. Baygon)

 

 


10. Almacenamiento en h�rreos

10.1 Introducci�n

Los sistemas tradicionales dependen del aire ambiental natural para el secado. Parte del secado se realiza en el campo antes de la cosecha. Los productores de peque�as cantidades de ma�z seco con las espatas, por ejemplo, exponen las mazorcas a la atm�sfera. Los productores de grandes cantidades utilizan una variedad de estructuras naturalmente ventiladas para reducir a un 20 por ciento el contenido de humedad de las mazorcas, que es cuando se considera que est�n razonablemente fuera de todo riesgo de ataques de insectos.

En las zonas tropicales h�medas se utilizan extensamente estructuras redondas de paredes apersianadas. Var�an de I a 3 metros de di�metro y hasta 2,5 metros de altura. Se emplean tarimas para almacenar las mazorcas de ma�z con las espatas, dispuestas a menudo en una forma especifica, y se puede encender fuego debajo de las tarimas. Un tejado de paja proporciona protecci�n contra la lluvia.

La limitaci�n principal en las estructuras ventiladas tradicionales es el largo per�odo de secado en el campo necesario antes de disponer la cosecha en el h�rreo. Ello comporta una mayor infestaci�n al momento de la cosecha, que puede aumentar luego durante el almacenamiento.

Los sistemas mejorados de recolecci�n, secado y almacenamiento del ma�z deber�an tender a lo siguiente:

  1. una recolecci�n m�s temprana (cuando el contenido de humedad sea del 35 por ciento sobre la base del producto h�medo, lo cual reduce el nivel de infestaci�n en el campo);
  2. secado en estructuras tradicionales mejoradas, porque resultan familiares a los agricultores; y
  3. protecci�n de la cosecha contra la infestaci�n durante el almacenamiento.

 

10.2 Dise�o ideal del h�rreo

En una serie de ensayos para evaluar los efectos del tama�o y la forma de los h�rreos en los indices de secado de ma�z en la mazorca y en los niveles de infestaci�n y deterioro, realizados bajo la direcci�n del African Rural Storage Centre (ARSC) en (bad�n y Ben�n, Nigeria, se obtuvieron los resultados siguientes:

  1. mazorcas de ma�z con y sin espatas secadas en h�rreos a un porcentaje de humedad igual;
  2. mazorcas con espatas y con m�s del 26 por ciento de c.h.p.h., se enmohecieron;
  3. la orientaci�n de los h�rreos rectangulares tuvo relativamente poca importancia, salvo en zonas donde predominaba alg�n viento;
  4. las mazorcas de ma�z con espatas necesitaban protecci�n contra el deterioro por insectos, si se las dejaba intactas en los h�rreos despu�s del secado;
  5. el �ndice de secado de las mazorcas d� ma�z en los h�rreos particularmente en h�rreos estrechos, fue an�logo al �ndice de secado de las mazorcas en el campo;
  6. cuando el contenido de humedad inicial era superior al 28 por ciento c.h.p.h. los mejores resultados se obtuvieron en h�rreos de 600 mm de ancho;
  7. fue importante que los h�rreos tuvieran un tejado con alero para reducir los da�os causados por la lluvia en la capa superior de las mazorcas almacenadas. La mojadura superficial de los lados o los extremos de las mazorcas no fue importante en casi todo el a�o;
  8. todo material de construcci�n de las paredes que dejara un m�nimo del 10 por ciento de superficie abierta bastante homog�neamente distribuida result� satisfactorio;
  9. todo tipo de material utilizado para proteger contra la lluvia result� id�neo para la cobertura del tejado;
  10. el m�todo de control de insectos m�s eficaz durante el almacenamiento result� el de rociar mensualmente la parte exterior del h�rreo con un preparado a base de pirimifos-metilo.

 

10.3 Dise�os de h�rreos mejorados

En las Figuras 5 y 22 y en la Secci�n 5.6.2 se muestran dise�os recomendados de h�rreos.

La base del espacio destinado a almacenamiento se halla a un metro de altura sobre el nivel del suelo y se apoya en soportes verticales de 1,5 m de altura, distintos de los soportes verticales m�s largos, en los que se apoyan el tejado y las paredes del h�rreo. Los escudos de protecci�n contra las ratas se colocan en el soporte vertical por debajo del nivel de la base del h�rreo

El ancho del h�rreo es de 600 mm para zonas muy h�medas y de hasta 1500 mm donde las condiciones de secado son mejores

En el cuadro que sigue figura la capacidad del h�rreo por cada metro de ancho

Ancho del h�rreo (mm) Peso de las mazorcas a la cosecha (kg) Peso del grano (a 14% c.h.p.h.)
600 500 300
1000 850 500
1500 1275 750

Figura 10.1: Estructuras ventiladas tradicionales

El h�rreo podr� tener la longitud que sea necesaria. Podr� utilizarse cualquier material para su construcci�n, siempre que soporte el peso de las mazorcas y deje un m�nimo del 10 por ciento de superficie abierta.

 

10.4 Costo de la construcci�n del h�rreo

Un h�rreo fabricado con postes de madera aserrada, paredes de red met�lica, tejado de chapa ondulada y escudos met�licos de protecci�n contra las ratas costar� tres voces m�s que un h�rreo de igual tama�o fabricado con soportes de teca, paredes apersianadas de bamb�, tejado de chapa ondulada y escudos met�licos de protecci�n contra las ratas. Un h�rreo fabricado exclusivamente con materiales de la granja o del bosque costar� aproximadamente la mitad de un h�rreo con postes de teca y un sexto de uno fabricado con madera aserrada.

Estos costos se refieren a costos de capital por tonelada almacenada y por a�o, y teniendo en cuenta la duraci�n prevista de los h�rreos.

Los h�rreos construidos con materiales producidos en la granja requieren mayor mantenimiento que las construcciones m�s costosas y, aun as�, durar�n quiz�s cuatro estaciones. Los h�rreos fabricados con postes de teca pueden durar de 8 a 10 estaciones si se tiene cuidado de protegerlos contra los ataques de termitas.

La dependencia de estructuras rurales del Ministerio de Agricultura de Kenya y el Centro Rural Africano de Almacenamiento FAO/DANIDA, (bad�n, Nigeria, publicaron folletos en los que se describ�a la construcci�n y uso de un h�rreo mejorado para ma�z.

 

 


11. Almacenamiento de ra�ces y tub�rculos

La recolecci�n es una funci�n important�sima. Si esta operaci�n no se realiza con la m�xima eficiencia, las medidas posteriores para evitar p�rdidas poscosecha pueden resultar in�tiles. Si, por ejemplo, se magullan o da�an de alg�n modo las ra�ces y los tub�rculos durante la recolecci�n, probablemente no tendr�n ning�n valor las consideraciones de manipulaci�n o envasado mejoradas, ya que tendr� lugar una temprana infestaci�n con mohos y virus y habr� comenzado ya la putrefacci�n. Si las operaciones de recolecci�n se efect�an correctamente tendr� m�s sentido introducir m�s tarde m�todos mejorados. La utilizaci�n de instrumentos y equipo apropiados para la recolecci�n, as� como la capacitaci�n en su uso correcto deber�n constituir una prioridad de las actividades para evitar p�rdidas de alimentos poscosecha.

 

11.1 �ame

En la mayor parte de Africa occidental, por ejemplo, la cosecha principal de �ame se recoge entre septiembre y noviembre. Parte se consumir� o se vender� inmediatamente, pero el grueso de la cosecha se almacenar� durante un per�odo de seis meses como m�ximo, para utilizarlo m�s tarde, bien como alimento o bien para plantaci�n.

Hay varios m�todos tradicionales de almacenamiento del �ame:

  1. uno de los m�s populares, especialmente en las zonas forestales, es un recinto construido con bamb� que consta de una estructura vertical sobre la que se atan uno por uno los �ames con cuerda o ligaduras de arbustos. Se crea siempre sombra, generalmente con �rboles;
  2. en la zona de sabana se encuentran generalmente formas de almacenamiento menos elaboradas, tales como chozas construidas con tallos de sorgo dentro de las cuales se apilan los �ames;
  3. un tercer m�todo que ha tenido �xito es el del almacenamiento en montones o bajo tierra.

Las p�rdidas en estos tipos de almacenamiento tradicional son muy elevadas; una estimaci�n conservadora seria de un 25 por ciento. Las p�rdidas se deben a diversos factores:

el nematodo Scutellonema, com�nmente denominado nematodo del �ame, es uno de los m�s importantes. Los tub�rculos de �ame infestados con esta plaga al momento de la recolecci�n no se conservan. Otro nematodo importante es el nematodo de la ra�z, pero �ste generalmente no afecta a la conservabilidad;

Generalmente las p�rdidas de almacenamiento en zonas de sabana son inferiores a las de la zona forestal. Ello se debe probablemente a la menor incidencia del nematodo Scutellonema y a que los �ames cultivados en ambientes m�s secos tienen generalmente un mayor contenido de materia seca. Este factor parece importante para el almacenamiento, as� como tambi�n el hecho de que los cultivares producidos en sabana tienen un periodo de latencia end�gena m�s prolongado, y no germinan tan pronto durante el periodo de almacenamiento.

Aunque se reconoce que el almacenamiento constituye uno de los problemas cr�ticos que limitan la producci�n del �ame, la mayor�a de los estudios sobre el mejoramiento de los m�todos de almacenamiento del �ame no han logrado aportar nuevas ideas en el sector de la tecnolog�a intermedia. No hay al parecer diferencias en la pr�ctica entre los mejores m�todos de almacenamiento tradicionales actualmente utilizados por los agricultores y los m�todos tecnol�gicos avanzados en gran escala, que en todo caso no podr�an aplicarse actualmente en muchas partes del mundo rural.

Para reducir las p�rdidas en las modalidades de almacenamiento tradicionales son importantes los factores siguientes:

  1. hay que reconocer que las caracter�sticas de almacenamiento son diferentes para las distintas especies de �ames. Como regla general, el �ame de agua (Dioscorea alata) se conserva mejor que el �ame blanco (D. rotunduta), y �ste mejor que el �ame amarillo (D. cayenensis). Hay tambi�n diferencias entre variedades de la misma especie. Variedades que presentan mejores caracter�sticas de almacenamiento son i) las que tienen un per�odo de latencia m�s prolongado; ii) las que cicatrizan bien, y iii) las que tienen formas que facilitan la excavaci�n sin lesiones. Las variedades que tienen malas caracter�sticas de almacenamiento deber�an consumirse o venderse en primer lugar, y conservarse s�lo las variedades que tienen buenas caracter�sticas de almacenamiento;
  2. es muy importante observar la condici�n de los tub�rculos de �ame al momento de almacenarlos, para determinar la duraci�n del almacenamiento. S�lo podr�n almacenarse los �ames que est�n en buen estado, es decir, los tub�rculos exentos de nematodos, de podredumbres y de lesiones f�sicas. Para reducir las lesiones f�sicas, es necesario manipular cuidadosamente los tub�rculos durante todas las operaciones de recolecci�n y transporte. Toda lesi�n, raspadura o magulladura o corte profundo producido con el machote o azad�n utilizado para excavar predispondr� al tub�rculo al ataque de pat�genos y a la pudrici�n posterior durante el almacenamiento. Es importante evitar la exposici�n de los tub�rculos, especialmente los reci�n excavados, durante largo tiempo, a un sol intenso, ya que ello puede provocar lesiones y favorecer la putrefacci�n;
  3. deber� examinarse peri�dicamente la condici�n de los tub�rculos almacenados, marcando los que comienzan a deteriorarse, para consumirlos inmediatamente;
  4. si los tub�rculos han de utilizarse solamente para alimentaci�n y no para plantaci�n, puede retardarse la germinaci�n eliminando la cabeza del �ame antes de colgarlo en el h�rreo o almacenarlo. Si los tub�rculos para plantaci�n comienzan a germinar antes de la �poca de plantaci�n no es aconsejable arrancar las cabezas, sino cortar los g�rmenes apenas comienzan a despuntar y mantenerlos cortados hasta la �poca de plantaci�n. De este modo se impide que los brotes agoten las reservas del plant�n antes de la plantaci�n;
  5. los locales de almacenamiento, sean �stos cobertizos, h�rreos o pozos, deben ser limpiados antes de depositar en ellos nuevos �ames. Hay que eliminar los �ames viejos y los escombros del almac�n y de las zonas circundantes De esta forma se evita la contaminaci�n por los pat�genos presentes en viejos tub�rculos deteriorados. Hay que sacar del lugar de almacenamiento los montones de troncos o recipientes, maquinaria, herramientas, etc, donde pueden esconderse las ratas y otros roedores Si se utilizan �rboles para crear sombra, hay que podarlos tres meses antes de que comience el almacenamiento, para que penetren los rayos solares hasta el suelo del cobertizo y lo saneen La poda tempestiva permite tambi�n a los �rboles adquirir el follaje necesario para la sombra antes de que comience la �poca de almacenamiento. En los cobertizos para �ames se espolvorear�n polvos insecticidas en la base de todos los soportes verticales para combatir hormigas y toda clase de insectos trepadores, pero se ha de tener gran cuidado de no contaminar con insecticidas los �ames destinados a alimentaci�n;
  6. tal vez sea posible modificar la estructura de los almacenes tradicionales para colocar escudos que impidan el acceso a las ratas

Los experimentos recientes indican que el curado de tub�rculos de �ame con temperaturas y humedades relativamente altas puede mejorar el almacenamiento, curando las lesiones y endureciendo la piel Las temperaturas de 30 "C a 40" y 70 a 90 por ciento de h r durante uno a cuatro d�as resultan eficaces para reducir p�rdidas durante el almacenamiento. Estas condiciones pueden lograrse por diversos medios; uno de los m�s f�ciles es el de cubrir los t�berculos con una lona alquitranada.

Para el curado, es importante seleccionar el periodo oportuno Es decir, deber� efectuarse inmediatamente despu�s de la recolecci�n, para curar las lesiones producidas durante la recolecci�n y el transporte al cobertizo. La manipulaci�n despu�s del curado debe realizarse con el m�ximo cuidado para evitar las lesiones.

Las ventajas del curado son m�ximas cuando los tub�rculos se almacenan en condiciones de temperaturas bajas, y m�nimas cuando de depositan en cobertizos u h�rreos tradicionales. La raz�n es que las estructuras tradicionales permiten el curado de los tub�rculos durante la primera parte del periodo de almacenamiento.

Se han estudiado dos mejoras tecnol�gicas avanzadas de almacenamiento en gran escala. Aunque no sean apropiadas para el almacenamiento en la granja, pueden tener futura aplicaci�n como parte del sistema de mercadeo para almacenamiento a granel en los puntos de recolecci�n. Las mejoras son las siguientes:

  1. para prolongar la duraci�n de los tub�rculos de �ame pueden emplearse almacenes de temperatura controlada como los que se utilizan en todo el mundo para una amplia variedad de productos perecederos. Las temperaturas en torno a los 20 �C se han demostrado eficaces para inhibir la germinaci�n y reducir la respiraci�n. No obstante, no deber�an almacenarse �ames a temperatura inferior a los 15 �C, porque por debajo de esta temperatura, se producen da�os por excesivo enfriamiento;
  2. se ha ensayado tambi�n un segundo m�todo, que consiste en la aplicaci�n de rayos gamma. El Dr. Adesuyi del Nigerian Stored Products Research Institute ha demostrado que irradiando los tub�rculos antes de depositarlos para el almacenamiento, se inhibe la germinaci�n hasta seis meses.

Se trata de m�todos del futuro, pero se mencionan para indicar que no se est� descuidando la investigaci�n en el campo del almacenamiento del �ame.


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