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Canalizaci�n de suministros a los nuevos mercados del Cercano Oriente

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El fuerte aumento en el poder adquisitivo de los consumidores y en la demanda efectiva de carne, la afluencia de mano de obra extranjera, y la limitada capacidad interna de producci�n ganadera han convertido a la Pen�nsula Ar�biga en un potente im�n para las importaciones de carne y ganado. En los a�os 1960, el mercado de carne de gran calidad era limitado, con suministros al personal de la industria petrolera. Se registraba tambi�n una marcada demanda estacional de cabras y ovejas en la �poca de la hadj, la peregrinaci�n musulmana anual a La Meca. En 1978, esta demanda de importaci�n hab�a alcanzado las 400 000 toneladas anuales de equivalente en carne. Una tercera parte de esta demanda se cubr�a con animales vivos para los que hab�a una gran preferencia entre la poblaci�n ind�gena. El 50 por ciento de la demanda correspond�a a carne congelada de aves, el tipo de carne congelada que tuvo m�s amplia aceptaci�n en toda la poblaci�n. Las aves de corral proced�an de Europa oriental y occidental, Am�rica del Norte y Australia. El bajo precio (que promediaba unos 2 d�lares por kg al por mayor en 1978, frente a 3,50 d�lares para la carne refrigerada/congelada y m�s de 5 d�lares para la carne fresca), la calidad estable seg�n la marca, embalaje higi�nico en pl�stico y garant�a impresa de fecha de matanza seg�n la ley isl�mica, son todos factores que han contribuido a ese notable resultado. Una quinta parte de la demanda de importaci�n era de carne roja refrigerada y congelada. La carne congelada de Australia y la de cabra, oveja y b�falo refrigerada y congelada procedente de la India eran consumidas preferentemente por los trabajadores extranjeros. De Australia se tra�an tambi�n ovejas vivas en cantidad, en barcos equipados especialmente para ese transporte (v�ase Cuadro 6.4). Sin embargo, los consumidores �rabes no aprecian la distribuci�n de grasa en sus canales, prefieren la grasa de las colas o caderas del ganado ovino local y del Africa oriental.

Nueva competencia en los mercados tradicionales.

Repercusiones de la restricci�n de los mercados.

Las posibilidades de los pa�ses en desarrollo vecinos, con importantes recursos ganaderos, de beneficiarse de este rico mercado ha constituido una preocupaci�n constante para sus gobiernos. Los tres principales pa�ses africanos con f�cil acceso al Cercano Oriente-Somalia, Sud�n y Etiop�a-suministraron en 1978 ganado por el equivalente de 41 000, 11 500 y 2 800 toneladas de carne en canal, respectivamente. Estas exportaciones se han convertido en una fuente importante de ingresos para Somalia, pero todav�a podr�an ser mayores. Para Etiop�a, Sud�n y Kenya, se trata de un potencial apenas explotado.

El obst�culo principal de los paises del Africa occidental para expandir sus exportaciones ganaderas de forma regular es la vulnerabilidad de sus pastizales a las repetidas sequ�as graves. La falta de piensos y de agua puede inducir a los pastores de dehesas a llevar de una vez al mercado grandes cantidades de reses, en condiciones deficientes. Las consiguientes reducciones en los suministros pueden inducir a los gobiernos a prohibir las exportaciones para mantener bajos los precios al consumidor interno. Se trata de fluctuacio nes en calidad y cantidad que contrastan desfavorablemente, por ejemplo, con el movimiento constante de pollos congelados. Estos proceden de una base mucho m�s amplia de suministros, se producen para los mercados internos y se nutren con alimentos de muchas procedencias.

CUADRO 6.4. Fuentes de suministros de carne: Pen�nsula Ar�biga, 1978

Fuente de suministro Carne fresca Carne roja refrigerada y congelada Aves de corral
 

equivalente en canal (toneladas)

Producci�n interna 157 000 - -
Otros pa�ses del Cercano Oriente 2 000 2 200 -
Etiop�a 2 800 - -
Somalia 41 600 - -
Sud�n 11 500 - -
Africa oriental - 1 200 -
India 4 800 15100 -
China - 1000 -
Australia 35 300 33 800 9 400
Europa oriental 2 200 8 800  
Europa occidental -    
Am�rica del Norte - 13 700 178 600

Por lo general, hay un mercado abierto exento de derechos de importaci�n para el ganado y la carne que entra en la Pen�nsula Ar�biga. Muchos de los pa�ses productores de petr�leo subvencionan el precio de la carne para mantener bajo el costo de vida. S�lo la Rep�blica Arabe del Yemen, que cuenta con una importante producci�n ganadera propia, grava las importaciones de ganado. Al no aplicarse este trato a las importaciones de carne, hab�a una discriminaci�n contra los pa�ses de Africa oriental, cuya fuerza competitiva est� en los animales vivos. La reglamentaci�n aplicable a la manipulaci�n del ganado que llega al puerto de Jedda-el mayor punto de llegada de ganado del mundo-parec�a tambi�n poco objetiva para los proveedores africanos. Correspond�a a las condiciones de los env�os australianos, pero el 80 por ciento de las llegadas a Jedda proced�an del Africa oriental. Los m�todos actuales de env�o son adaptaciones de bajo costo a las necesidades espec�ficas de los animales, distancias, y condiciones clim�ticas y mar�timas correspondientes.

Cuando la moneda de un pa�s tiene un valor menor en los mercados exteriores que su tasa oficial de cambio, existe un incentivo constante para que los exportadores notifiquen precios de venta inferiores a los realmente percibidos. Pueden entonces retener el resto en otra moneda. En 1978, todos los pa�ses de Africa oriental se preocupaban de controlar las fugas de divisas. Los gobiernos de Somalia y Sud�n aplicaron precios oficiales m�nimos para las exportaciones de ganado y carne; es decir, el precio contractual estipulado en una carta de cr�dito no pod�a ser inferior a ese precio m�nimo. Los precios fijados en Somalia permit�an un mayor margen a los exportadores para emplear moneda fuerte �rabe en la importaci�n de bienes de consumo, especialmente los solicitados por ganaderos n�madas. Esto contribuy� indudablemente a los buenos resultados de las exportaciones del pa�s.

Las prohibiciones gubernamentales peri�dicas sobre exportaciones del Sud�n, y con car�cter permanente de Kenya, para mantener bajos los precios al consumidor interno tuvieron efectos perjudiciales en las exportaciones. El alto impuesto sudan�s del 25 por ciento a las exportaciones de ganado constituy� un disuasivo constante.

Para el Sud�n, las dificultades de transporte entre Jart�m y Puerto Sud�n supon�an graves p�rdidas en divisas debido a los aumentos de la mortalidad del ganado, los costos de alimentaci�n, las enfermedades y el deterioro de la calidad, as� como la p�rdida de oportunidades comerciales. En una ocasi�n llegaron a acumularse 45 000 ovejas en el recinto de cuarentena de Kadero en espera de su transporte en tren hasta Puerto Sud�n. Para mejorar la situaci�n, se propuso establecer trenes especiales para recoger el ganado procedente del oeste y sur del pa�s. Los vagones de ganado enganchados a un tren com�n de carga muchas veces no recib�an la atenci�n debida. Los trenes especiales circular�an hasta su destino, procedi�ndose en ellos a alimentar y abrevar debidamente los animales. Quedaba todav�a por ver si los comerciantes har�an suficiente uso del servicio para cubrir los costos generales.

Desde luego hac�an falta obras de mejora en la capacidad portuaria de la parte central y oriental de la costa norte de Somalia, donde los env�os se limitaban a un peque�o n�mero de cabezas y en condiciones de mar calmo. En lo posible deber�an instalarse servicios de atraque para peque�os barcos de carga de altura. Hac�a falta tambi�n mejorar la flota de barcos de transporte de ganado que atend�a el comercio de Africa oriental/Pen�nsula Ar�biga. Ninguno de los buques empe�ados por entonces en ese tr�fico satisfac�a las nuevas normas portuarias sauditas.

En los pa�ses �rabes era necesario mejorar el mantenimiento del ganado de sacrificio importado durante su espera en los puertos y en las estaciones de los importadores. Se realizaban ensayos con forrajes de cultivo hidrop�nico para sustituir el heno importado a 200 d�lares la tonelada de Australia. Sin embargo, es discutible la utilidad de invertir en recintos o cercados para depositar el ganado de tr�fico en las varias intersecciones del canal de mercadeo. En Sud�n y Somalia, la disponibilidad de pastizales y de mano de obra especializada, junto con la preferencia de los comerciantes de mantener las manadas bien separadas, han favorecido la posibilidad de llegar a acuerdos flexibles con la poblaci�n local respecto al pastoreo y el suministro de forrajes. Sobre esta base se ha formado un complejo sistema tradicional de abastecimiento de ganado y carne.

En Somalia la distribuci�n de f�rmacos veterinarios era deficiente debido al monopolio y la divisi�n de responsabilidades entre los distintos ministerios, como as� tambi�n las comunicaciones entre los centros de exportaci�n del norte, los importadores de la Pen�nsula y el Gobierno en Mogadiscio. Las comunicaciones telef�nicas entre Hargeisa, Berbera y Burau, el tri�ngulo de tr�nsito y exportaci�n del ganado, con un movimiento anual de unos 90 millones de d�lares, sol�an ser muy dif�ciles. Se requer�an de dos a tres d�as para que los t�lex y telegramas cursados llegaran desde esta zona al lugar de destino de las exportaciones, Jedda; se registraban retrasos an�logos en las comunicaciones con las compa��as navieras de ultramar y los barcos en navegaci�n.

En el punto final de acopio la organizaci�n del mercadeo en Somalia ofrec�a pocas objeciones. Los ganaderos n�madas eran convenientemente atendidos por los tratantes tradicionales. Este sistema reflejaba:

El margen entre el precio de compra en el campo y el precio en el punto de exportaci�n pocas veces superaba el 10-15 por ciento. Hab�a unos 150 exportadores de Somalia para un volumen total de comercio de 1,5 millones de cabezas de ovino y caprino. Su beneficio neto se cifraba en un 2,5 por ciento del volumen de ventas, con unos ingresos anuales medios del orden de 16 000 d�lares. En el otro extremo, el de la importaci�n, la cr�tica principal era el excesivo nivel de los precios al por mayor en Sana'a, Yemen-13 d�lares por kg para las canales de reses reci�n sacrificadas.

En cada uno de los paises de producci�n de carne del Africa oriental se hab�an creado juntas estatales de mercadeo de carne y ganado. La Comisi�n Kenyana de la Carne ejerc�a el monopolio de las exportaciones de carne. Al reducirse la cifra de negocios, los gastos generales incidieron en tal proporci�n en los costos de explotaci�n que obstaculizaron las exportaciones de carne de vaca de alta calidad. El Organismo de Fomento Ganadero de Somalia ten�a una funci�n de servicios y mercadeo. Al principio era un organismo de fomento, pero luego el Gobierno le asign� funciones comerciales para que contribuyera a:

En ambos aspectos, los resultados fueron desalentadores. Los ingresos del monopolio de mercadeo, que percib�a el organismo en el sur del pa�s, resultaron neutralizados por las p�rdidas en los lugares donde ten�a que competir. De resultas de todo ello, hab�an desaparecido por inanici�n sus actividades de servicios y desarrollo. La Corporaci�n Sudanesa de Mercadeo del Ganado y la Carne explot� los mercados ganaderos provinciales, realiz� actividades de desarrollo y asesor� sobre pol�ticas. Hab�a logrado impedir varias prohibiciones y tasas arbitrarias de las administraciones locales sobre operaciones de exportaci�n.

Explotaci�n de un potencial limitado de exportaci�n

Anteriormente los suministros internacionales de carne proced�an casi por completo de empresas de producci�n comercial que utilizaban ganado mejorado de Australia, Nueva Zelandia y Am�rica Latina. Exist�an algunas actividades de elaboraci�n en conservas en Africa; pero por lo general los problemas de organizaci�n y acceso a los mercados imped�an a los paises en desarrollo las exportaciones de carnes. En las tierras de pastoreo estacional de Africa, liberadas de la mosca tsets�, se hab�an formado grandes reba�os de ganado vacuno, ovino y caprino. Con el aumento de los precios de la carne y la apertura de nuevos mercados, esos animales se consideraron un recurso de potencial cada vez mayor. Para la mayor�a de los paises con excedentes de ganado, las �nicas exportaciones importantes consist�an, sin embargo? en remesas de animales vivos a los pa�ses deficitarios vecinos, de ordinario mediante un comercio no contabilizado a trav�s de fronteras interiores. As� es como pasaban anualmente de N�ger a Nigeria en los a�os sesenta unas 200 000 reses.

Para gran parte de estos pa�ses, el ganado constitu�a uno de los principales recursos. Cuando el transporte a�reo les permiti� llegar a mercados que antes les eran inaccesibles, sus gobiernos se preocuparon de aprovechar al m�ximo esa oportunidad. Se recab� ayuda para las obras necesarias de infraestructura y la organizaci�n comercial. Esos esfuerzos se encaminaron principalmente a ampliar los mercados vecinos m�s bien que los de Am�rica del Norte y Europa. Tales prioridades estaban determinadas por las distancias y la gran dificultad de cumplir los requisitos veterinarios de los pa�ses tradicionalmente importadores de carne.

Chad fue el primer pa�s en desarrollo que recurri� en gran escala al transporte a�reo para tener acceso a buenos mercados de exportaci�n. En Farcha, cerca del aeropuerto internacional de N'Djamena, se construy� un nuevo matadero. Un peque�o n�mero de compa��as locales enviaron comisionistas para comprar animales a los ganaderos. Se vallaron recintos provistos de agua, para tener el ganado cerca del matadero, convenientemente a mano para su sacrificio una vez organizado el transporte de la carne. Los cuartos de canal se exportaban entonces en las bodegas de carga de aviones de l�nea de pasajeros que cubr�an ciudades africanas pr�ximas como Douala, Libreville y Kinshasa. Estas ciudades, situadas en el cintur�n costero de bosques h�medos, no dispon�an de suministros internos sustanciales debido al predominio de la mosca tsets�. Por lo cual, este sistema parec�a una soluci�n eficaz a una situaci�n problem�tica propiamente africana: como transportar carne desde la sabana, donde abundaba y era barata, a las ciudades de la costa, donde escaseaba y resultaba cara, con ventajas para ambas poblaciones.

Las remesas de exportaci�n se compon�an en gran parte de cuartos traseros. Los cuartos delanteros, de menos valor, y los despojos se vend�an, cuando era posible, en el mercado local. Al crecer la escala de operaciones, result� econ�mico fletar aviones de carga y organizar la carga de vuelta con bienes de consumo de poco peso y gran valor. En 1970, el volumen de las exportaciones de carne de vacuno alcanz� el nivel m�ximo de 14 000 toneladas.

No obstante los altos costos de transporte, los exportadores del Chad lograron crear mercados mediante entregas regulares y una calidad constante. Esto fue posible en tanto sus necesidades representaban s�lo una peque�a parte del abastecimiento total. Sin embargo, la capacidad productiva de los pastizales del Chad no pod�a ampliarse f�cilmente para responder a la demanda del mercado. Por otra parte, el Chad estaba especialmente expuesto a la sequ�a, que termin� haciendo su aparici�n. Aumentaron bruscamente los precios de compra. A los exportadores les quedaba un margen escaso para cubrir el transporte a�reo de la carne.

Lesotho es un pa�s predominantemente monta�oso rodeado por el territorio de la Rep�blica de Sud�frica. El ganado constituye su principal recurso. Tradicionalmente, a la Rep�blica de Sud�frica se han exportado cada a�o unas 15 000 reses, mayormente como animales para engorde antes de la matanza. De esta forma el valor a�adido y los ingresos procedentes de la elaboraci�n de los subproductos beneficiaban a las empresas del pa�s vecino. El Gobierno de Lesotho opinaba que era necesario realizar un esfuerzo, justificado por razones generales de desarrollo, para obtener el mayor beneficio posible de este potencial. El matadero entonces existente en Masera era totalmente insuficiente. En 1972173 se import� carne por valor de 450 000 d�lares para el comercio tur�stico y del sector de ingresos superiores. Resultaba evidente la necesidad de construir un nuevo matadero; si bien la cuesti�n era determinar sus proporciones.

Exist�a ya una recomendaci�n para una instalaci�n central en Masera con una capacidad semanal de 215 reses, 9 mataderos peque�os para servir a las necesidades locales y los mercados de acopio organizados sobre base regional. En ellos se habla previsto la venta de reses mediante subasta a intervalos peri�dicos. Se crearon 17 mercados, pero s�lo tres o cuatro atrajeron suficientes compradores para justificar su continuaci�n.

Otra propuesta consist�a en un proyecto amplio dirigido a proporcionar una capacidad de matanza en Masera de 40 000 cabezas de ganado vacuno, 10 000 cerdos y 66 000 cabezas de ganado menor por a�o, y corrales para acabado de engorde en los que el ganado pasase de 80 a 90 d�as antes de ser sacrificado. Se intentaba abastecer a otras ciudades de Lesotho desde el nuevo matadero mediante camiones frigor�ficos. El proyecto iba a ser administrado por la Compa��a de Mercadeo Ganadero de Lesotho, en v�as de creaci�n. Se preve�a la instalaci�n de una planta para la elaboraci�n de subproductos (sebo), y la construcci�n del matadero seg�n los requisitos de higiene y de otro tipo de la Comunidad Econ�mica Europea. El costo total de la inversi�n era del orden de 4 millones de d�lares.

El an�lisis de esta propuesta se�alaba tres puntos cr�ticos respecto del mercadeo:

La capacidad prevista de 40 000 reses por a�o, m�s del doble de la producci�n total del pa�s, se basaba en los presupuestos siguientes:

Desde luego, con una administraci�n de pastos y pr�cticas zoot�cnicas mejores podr�a criarse m�s ganado en Lesotho, pero en los doce a�os precedentes no se hab�an registrado aumentos de producci�n. Para conseguir la saca prevista eran necesarios profundos cambios en la explotaci�n de las tierras y considerable tiempo. Mediante controles podr�a ponerse freno a la mayor parte de las exportaciones de animales vivos y a la matanza local en las zonas urbanas y rurales de las tierras bajas. El costo del transporte de los animales vivos al matadero y de la carne de vuelta a las zonas rurales seguir�an constituyendo, no obstante, un incentivo para la evasi�n.

Para las operaciones en gran escala de acabado de engorde en Lesotho se tropezaba con las siguientes dificultades: las superficies limitadas de tierras de pastoreo; el elevado precio de los piensos complementarios, vitaminas, etc.; la escasa eficiencia t�cnica de la caba�a actual; y la probable competencia de empresas sudafricanas de acabado ya establecidas.

Probablemente se asignar�a a Lesotho un cupo limitado de importaciones a paises de la CEE. Sin embargo, su principal mercado de exportaci�n estar�a constituido por los consumidores de bajos ingresos de la cercana Rep�blica de Sud�frica. Esto depender�a de que la carne de Lesotho fuera barata y su abastecimiento seguro. Tambi�n se necesitar�an mercados para los subproductos comestibles. Cuando se exportan los animales vivos, el valor de los despojos viene a sumarse al de los animales. Si el despojo obtuviese un precio inferior en Masera que en la Rep�blica de Sud�frica, constituir�a una desventaja adicional.

Una oferta de cr�dito bilateral para la construcci�n del matadero contribuy� hasta cierto punto a que el gobierno no tomase en consideraci�n la implicancia de los costos. Un problema a m�s largo plazo, lo constitu�a la necesidad de subvencionar las operaciones del matadero para que los productores tuvieran un incentivo para llevar su ganado. El Gobierno de Lesotho carec�a de recursos para financiar esa subvenci�n; y es probable que viera la instalaci�n como una fuente eventual de ingresos que pod�a contribuir a los gastos p�blicos.

La recomendaci�n fue que el Gobierno negociara con el donante bilateral la construcci�n de un matadero de capacidad y gastos de explotaci�n menores.

La siguiente cuesti�n era resolver qu� tipo de gesti�n dar�a al proyecto las mejores probabilidades de �xito. �Deb�a ser arrendado a una empresa transnacional con experiencia y mercados ya establecidos de exportaci�n; ser explotado por una empresa sudafricana mediante un contrato de gesti�n, o ser administrado directamente por la Compa��a de Mercadeo Ganadero de Lesotho con ayuda internacional? En 1981 un an�lisis determin� que:

  1. Por si solo el proyecto seria de escaso inter�s para los principales transnacionales de mercadeo de carne, como Liebig o Unilever, que tend�an a abandonar el mercado de carne fresca debido al bajo valor a�adido.
  2. La asociaci�n con una empresa sudafricana podr�a perjudicar las probabilidades de un acceso preferencial a los mercados de la CEE.
  3. Tendr�a que ser administrado directamente con ayuda internacional.

El Gobierno prefiri� la segunda opci�n, con una empresa que explotaba un matadero en Swazilandia. Se contempl� la posibilidad de traer animales vivos de Sud�frica para aprovechar la capacidad excedentaria inicial, y agregar una planta de conservas de carnes como salida para la carne de calidad inferior. Estas propuestas se basaban en un cupo de importaci�n de la CEE, estimado en 3 000 toneladas de carne deshuesada de vaca, al amparo de la Convenci�n de Lom�. Sin la colaboraci�n sudafricana era probable que los suministros fuesen insuficientes para cubrir �l cupo. El organismo de ayuda bilateral europeo frente a esto se desentendi� del proyecto.

Entretanto, las parcelas de engorde consideradas anexas al matadero se hab�an convertido en otra cuesti�n de disputa. Eran necesarias si del ganado de Lesotho procedente de los pastizales de monta�a se obtuviese carne para la venta en mercados rentables de exportaci�n o al comercio destinado al turismo y a los consumidores de altos ingresos. El Banco Mundial hab�a incluido un componente de parcelas de engorde en dos proyectos regionales de desarrollo, pero m�s tarde lo retir� ante las dificultades de gesti�n. La situaci�n se subsan� con un proyecto sustitutivo de 5 millones de d�lares, financiado por el Banco Africano del Desarrollo. Sin embargo, se estim� que las operaciones de acabado de engorde deber�an consistir en instalaciones mucho menores, administradas por grupos de ganaderos, y un matadero explotado por la compa��a.

Satisfacci�n de las necesidades de los consumidores: actividades expuestas a la desaprobaci�n religiosa

El rechazo a las realidades pr�cticas de la preparaci�n de la carne est� bastante generalizado. Mientras son muchos, incluidos ganaderos y consumidores, los que se sienten inclinados a criticar al carnicero por su af�n de lucro, son pocos los que est�n dispuestos a dedicarse a un negocio igual. Estos sentimientos van a�n m�s lejos en varios pa�ses asi�ticos. Los hind�es de observancia estricta son contrarios a quitar la vida bajo cualquier forma: mitad de la poblaci�n de la India no come carne por creencias religiosas. Los budistas no quieren intervenir en matanzas ni ver sangre; sin embargo, la mayor�a de ellos est�n dispuestos a disfrutar de comidas preparadas con carne siempre que alg�n otro las prepare.

Estas actitudes tienen repercusiones importantes en la explotaci�n del ganado y el mercadeo de la carne y los servicios que se prestan al respecto.

En 1979, un estudio sobre mercadeo ganadero en Birmania puso de relieve diversas cuestiones. La manipulaci�n del ganado destinado al sacrificio era a veces ruda y brutal. A las ovejas y cabras se las hac�a brincar simult�neamente desde las cubiertas superior e inferior de los camiones, aplast�ndose unas contra otras y cayendo sobre el borde de la plataforma de carga. Se tiraban al suelo cestos de pollos. Al ganado vacuno se lo sacaba de los camiones sobre plataformas medio inclinadas y mal ensambladas, con un salto o ca�da de un metro. Con sus coyunturas y m�sculos r�gidos tras un viaje largo y hacinados, los animales sufr�an de esa forma magulladuras, torceduras y fracturas. Con unas simples rampas de carga/descarga, lo que supone una inversi�n de bajo costo, se evitar�a gran parte de esos sufrimientos y p�rdidas.

El sentimiento religioso se despierta f�cilmente.

La participaci�n de los consejos municipales en la industria ganadera de Birmania fue ante todo como receptores de impuestos. Los gustos de personal y mantenimiento de los servicios prestados (mataderos, puestos de mercado y mercados ganaderos) s�lo absorb�an una parte de esos ingresos. La mayor parte de lo recaudado se destinaba a cubrir entre el 10 y el 30 por ciento de las necesidades del pro-supuesto municipal. El resultado fue un reparto monopolista de beneficios entre los pocos concesionarios y el fisco municipal en los frecuentes casos en que el consejo ignoraba la necesidad de un aumento en el n�mero de puestos de venta al por menor. Una consecuencia obvia fueron las matanzas y las ventas clandestinas de carne.

La aversi�n de los budistas a matar y a ver sangre llev� a miembros de las comunidades minoritarias musulmana, cristiana y �tnica china a concentrar su atenci�n en el mercadeo de ganado y carne. Esto no constitu�a un inconveniente, salvo en cuanto que el predominio de grupos comerciales muy vinculados �tnicamente favorec�a un comportamiento anticompetitivo y desde luego fomentaba la sospecha del mismo. En sus afanes por acabar con este dominio comercial �tnico y aplicar una pol�tica gubernamental de r�pida expansi�n de las actividades cooperativas, muchos municipios transfirieron las licencias de carniceros, que de ordinario combinaban los derechos de matanza y de venta de carne, a secciones de producci�n de carne creadas dentro de sus cooperativas municipales. Algunos exig�an licencias privadas para ceder en bloque el comercio completo de un determinado animal de abasto (vacuno, porcino o caprino) y as� proteger a la nueva empresa cooperativa contra los riesgos de la competencia.

Los monopolios cooperativos as� creados abrieron el paso a abusos como sucede con cualquier monopolio, especialmente cuando cae en manos de administraciones m�s bien inexpertas.

El ganadero en Birmania recibir� del 65 al 66 por ciento del precio de la carne, al consumidor, m�s las ganancias resultantes de los subproductos en el caso de vacunos y ovinos, y el 70 por ciento en los cerdos. El margen de mercadeo global relativamente bajo se explica por la gran disponibilidad de mano de obra especializada y la colocaci�n diaria, sin desperdicios ni gastos de almacenamiento, de toda la carne y de los subproductos. La mayor partida individual de gastos era la licencia de la carnicer�a.

Se formularon las siguientes recomendaciones de mejora:

En la India, el mercadeo de la leche ha sido objeto de primordial atenci�n. Un programa en virtud del cual se retiraron de la ciudad los animales que abastecen de leche a la poblaci�n de Bombay, y se comercializ� la leche cooperativamente, se ha granjeado la admiraci�n general. Se est� ahora ampliando a otras zonas bajo la direcci�n de una Junta de Fomento Lechero establecida a nivel central.

El nuevo mercado de ganado.

En cambio, se ha hecho muy poco para mejorar el mercadeo ganadero. Los animales cambian de mano en las ferias que se celebran peri�dicamente. La falta de un sistema de mercadeo de ganado y carne m�s organizado refleja las inhibiciones de la mayor�a de la poblaci�n india hacia la matanza de animales en general y la del ganado vacuno en particular. Las restricciones legales que corresponden a estas inhibiciones crean grandes dificultades para un apoyo integrado a este respecto. Por lo dem�s, existe una buena disposici�n de las administraciones central y estatales a prestar asistencia al mercadeo del ganado y de la carne para mejorar la alimentaci�n prote�nica de la poblaci�n y aumentar los ingresos de divisas procedentes de productos animales.

A mediados de los a�os sesenta, un organismo asesor internacional recibi� una solicitud confidencial de un alto funcionario del Gobierno de la India. Se solicitaba una propuesta para resolver de forma rentable el problema del gran n�mero de animales viejos existentes en el pa�s, que consum�an alimentos y no daban ning�n beneficio econ�mico. La propuesta en esencia recomendaba que se estableciera en Goa una planta de elaboraci�n. Goa habla entrado recientemente a formar parte de la India, pero todav�a segu�a siendo muy diferente por lo que a comunicaciones se refer�a. La poblaci�n era cat�lica y no sent�a aversi�n al sacrificio de esos animales. Los comisionistas de la empresa pod�an comprar en varias partes de la India, y los animales luego pod�an llevarse o transportarse a Goa a trav�s de un canal ampliado sin demasiada publicidad respecto a su destino definitivo.

Los productos finales consist�an en extractos de carne, carne en polvo, harina de huesos y cueros. Para operar dicha empresa se eligi� una transnacional capaz de ofrecer salidas para la exportaci�n. Como los ingresos ser�an en divisas valiosas, el proyecto ofrec�a buenas perspectivas de viabilidad. El beneficio principal seria indirecto: la liberaci�n de tierras y otros recursos para su utilizaci�n por ganado m�s joven y m�s productivo. El proyecto era interesante pero nunca se emprendi�. Aument� la oposici�n pol�tica interna al Gobierno. Las elecciones eran pr�ximas, y un partido que utilizaba la vaca como su s�mbolo para las elecciones, no pod�a asumir ese riesgo.


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